Haces frío.

No había sentido tanto frió desde la vez que  pase la noche afuera de un estadio a la espera de boletas por ver a mi equipo favorito. 

Agosto ha traspasado los límites, (en especial los fuertes vientos que cubren los días) y es que últimamente estos fríos me han hecho recordarle más de lo normal.

En sus brazos todo era calor (aunque el temblara) me gustaba sentir su pecho en mi espalda, o sentir sus piernas refugiadas en las mías, o parpadear sobre sus labios o mejor aún, que la mañana reflejara su sonrisa sobre la almohada.

Y para seguir hablando de extrañar,

mis pechos se reflejan a blanco y negro desde que sus mordidas fuertes y desgarradoras, no forman arcoíris. 

Mi bufanda negra ha olvidado su aroma, mis manos no recuerdan el contorno de su cuerpo y yo ya no se cuanto frío cuesta extrañar.




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